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lunes
ene182010

La vida sin humo 

Dos meses sin fumar es todo un reto para alguien que casi fumaba dos cajetillas de cigarros al día en los últimos 15 años. Esta es la historia de una adicción que, aparentemente, llegó a su fin.

26 de junio, 2:00 p.m. Pensé que no pasaría gran cosa, pero me despedí de mis cigarrillos, de mis ceniceros y de mis encendedores. Fue una ceremonia solitaria y quizás bastante boba para los no fumadores o para aquellos que jamás le encontraron el feeling al humo nocivo. La noche del 25 no dormí. Me negaba a ser una nueva no fumadora. No quería ser tampoco una fumadora pasiva. Quería seguir siendo lo mismo de los últimos 15 años: una fumadora sin miedo a la muerte, una nube de humo caminando.

No quería cambiar mi perniciosa rutina, pero tenía una cita a las 2:00 p.m. con una doctora que casi me había retado por e-mail a quitarme el vicio. Nueve millones y medio de peruanos han declarado haber fumado alguna vez en su vida. La mitad de estos son ahora fumadores habituales o están camino a convertirse en adictos al tabaco, según el Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro). Un millón de peruanos (entre ellos yo) consideraba imposible dejar el maldito hábito.

Entre las 8:00 a.m. y la 1:55 p.m. de ese día fumé una cajetilla y seis cigarrillos, mis inolvidables y baratitos mentolados. El último pucho lo apagué en la puerta del consultorio. Guardé un cigarro en mi cartera, respiré hondo y crucé la puerta, convencida de que escribiría la historia de un tratamiento inútil. Conocía todos mis fracasos, y los fracasos de otros al respecto, pero retumbaba en mi cabeza la imagen de Augusto Álvarez Rodrich, mi jefe, sin sus Marlboro rojo, una historia de éxito que yo veía imposible de imitar.

La doctora Liliana Hurtado me hizo las preguntas de rigor: ¿Cuántos cigarrillos fumas? Una cajetilla y media, a veces dos. ¿Alguna vez dejaste de fumar? Cuando me dio salmonella. Lo dejé dos años, al igual que el café. Me daban náuseas. Luego, un día cualquiera, alguien fumó a mi lado y me provocó. Compré un cigarrillo, luego tres… después una cajetilla. ¿Cómo empezaste a fumar? En el colegio, cuando estaba en segundo de secundaria.

Me escapaba de las clases de religión para fumar con mis amigas en el baño.
No llegué a contarle a la doctora que algunas madrugadas había salido corriendo hasta el grifo más cercano y lejano en busca de un cigarrillo, mentolado, light, ultralight, sin marca… Tampoco le confesé que mil veces había buscado desesperada puchos por los rincones de mi casa. Alguno serviría para la pitada tranquilizante, la clásica pitada que te permite conciliar el sueño o seguir escribiendo, o seguir muriendo: cada ocho segundos muere una persona en el mundo por alguna enfermedad relacionada con el tabaco.


La terapia de láser en frío para dejar de fumar es un tratamiento efectivo, indoloro, no invasivo y muy seguro, explicaba Hurtado mientras mi cabeza era acariciada por un objeto llamado aplicador. El láser estimularía mis terminales nerviosos diciéndole a mi cerebro que ya no, ya no fumo, ya no fumo, ¿ya no fumo?


Cuarenta minutos después, la primera sesión había terminado. Debía regresar a las 5:00 p.m.
 
Ahora ya eres una ex fumadora- dijo la doctora. Y yo sonreí, pensando que saldría a fumar, y que a las 5:00 p.m. seguiría fumando, seguro en mi casa, y luego en el diario, y en la calle, y en todas partes.

Salí del consultorio con una sensación extraña, mirando confusa por qué mis manos no buscaban ansiosas el mentolado y el encendedor. Caminé media hora. Me senté en una banca, llamé por teléfono y dije: “Carajo, no tengo ganas de fumar”. Esa no era yo.
 
A las 5:00 p.m. estaba en el consultorio. Otros 20 minutos de láser frío. En la puerta, la doctora Hurtado me pidió el encendedor que guardaba en mi cartera. No sé cómo adivinó que lo conservaba, pero a esa hora me había olvidado de él.

Eres una ex fumadora- volvió a decir. Y me recomendó que durante cinco días me despidiera del café (y si no podía evitarlo, debía tomar café descafeinado) y de la Coca-Cola. Tenía que tomar vitamina C, caminar media hora y secarme muy bien casi refregarme el cuerpo después de bañarme. Vendrían dos sesiones más, y alguna de refuerzo si la situación lo exigía. Era una ex fumadora. Pero, ¿era una ex fumadora o me habían hipnotizado? Es el poder del láser frío, un tratamiento que desde hace poco tiempo viene aplicando la doctora Hurtado en su consultorio del jirón Romero Hidalgo 221, en San Borja.

Han transcurrido dos meses y he pasado varias pruebas de fuego. La más memorable fue una noche de fiesta donde todos fumaban y bebían. Yo bebía, pero no fumaba. El humo bailaba delante de mi nariz, y yo, de lo más relajada. La noche terminó al amanecer y nunca tuve ganas de prender un cigarrillo. Creo que puedo decir ya que soy una ex fumadora.
 
En este tiempo no he tenido grandes angustias ni siquiera en los momentos de mayor tensión. Puedo permanecer en cualquier sala de fumadores sin estresarme porque el humo ya no es un olor que me cautive. Tampoco me disgusta, pero preferiría no contaminarme. Les he pedido a un par de personas que no fumen en mi depa, y a un chofer le solicité que apagara su cigarrillo. No sé si mis pulmones están negros y medio muertos; la verdad, no quiero saberlo, pero para qué seguir matándome.

He dejado de toser en las mañanas, estornudo menos y he recuperado el olor y el sabor.

Es mentira que el cigarro te da seguridad, te acompaña y te calienta. El asunto es que tienes que dejarlo para darte cuenta. Mientras sigas encendiendo y apagando puchos no notarás la diferencia.

Siento que todos los espacios que recorro están ahora libres de humo. Mi edificio, mi depa, la casa de mi madre, la casa de mi pareja y hasta la redacción de Perú.21, donde el primero en dejar de fumar fue Augusto Álvarez Rodrich, mi director, y uno de los más entusiastas con mi decisión de vivir sin fumar.

PD: No soy enemiga del cigarro. Lo recuerdo con cariño, porque estuvo en los mejores (y peores) momentos de mi vida, pero ya no lo quiero más. No lo necesito. A la doctora Hurtado la ubicas en www.dralilianahurtado.com

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